Según el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina, hubo mejoras frente al pico de 2023, pero remarcó que las privaciones estructurales persisten y afectan sobre todo a la infancia y a los sectores de bajos ingresos.
La pobrezapor ingresos en la Argentina descendió al 36,3% en el tercer trimestre de 2025, y si bien existió una mejora tras el shock inflacionario, los niveles recientes se asemejan a los registrados en 2022.
El dato surge de la última medición elaborada por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), que muestra una mejora estadística tras el pico del 44,7% en 2023, pero advierte que la recuperación es parcial, frágil y no implica —por ahora— un cambio estructural en las condiciones de vida.
Según el documento Nuevo escenario político-económico: estrés y bienestar en una Argentina en transición, la reducción está asociada a la estabilización de precios posterior al ajuste de fines de 2023.
No obstante, la UCA advierte que una parte importante de la baja registrada en 2025 no responde solo a una mejora real, sino también a un cambio metodológico: al mejorar la captación de ingresos de la Encuesta Permanente de Hogares, las cifras oficiales tienden a mostrar una caída exagerada respecto de 2023.
La pobreza bajó, pero sin romper los pisos históricos
Los datos de la UCA confirman queel ajuste de 2023-2024 generó un deterioro abrupto del bienestar económico. Tanto la pobreza como la indigencia alcanzaron valores que no se veían desde la pandemia. La pobreza llegó al 44,7% en 2023 y luego descendió hasta 36,3% en 2025.
Aunque esa caída representa una mejora significativa, la UCA enfatiza que no se trata de una recuperación robusta.
Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social, explicó: “No importa quién gobernó durante todo este periodo: hay un proceso agotado, un modelo que tenía déficit en producción, inversión y creación de empleo pleno. Se agotó desde lo productivo, lo económico y lo social».
El informe enfatiza que la Argentina arrastra un problema estructural: la pobreza nunca perforó el piso del 25% en dos décadas, incluso en ciclos de crecimiento. Por su parte, la indigencia, que había trepado a 11,2% en 2023, bajó a 6,8% en 2025, aunque permanece por encima de niveles previos a la recesión de 2018-2019.
El ajuste y la recuperación: ingresos en retroceso y empleo estancado
La caída inflacionaria y el reordenamiento fiscal lograron estabilizar variables clave, pero a costa de:
Pérdida de calidad de empleo en estratos bajos y medio-bajos.
Desempleo creciente en hogares de nivel muy bajo.
Estancamiento del ingreso laboral real en torno a niveles similares a los de 2009-2010.
Deterioro histórico en salarios públicos, los principales rezagados del período.
Informalidad persistente, con un 51,6% de trabajadores sin aportes en 2025.
Presentación ODSA 4D V4
En paralelo, la AUH y la Tarjeta Alimentar, que fueron reforzadas en 2024, lograron atenuar la indigencia, pero no modificaron la estructura profunda de desigualdad, que mantiene “pisos duros” del 25% de pobreza y 5% de indigencia incluso en ciclos expansivos.
La estructura social: tres argentinas que conviven y se alejan
El informe reconstruye la pirámide socioeconómica 2025, marcada por:
Un tercio superior integrado, de alta productividad y acceso estable a bienes públicos.
Una clase media aspiracional en retroceso, fuertemente afectada por la volatilidad económica.
Un tercio inferior atrapado en empleos precarios y baja productividad, donde la pobreza crónica se reproduce generacionalmente.
Los hogares con niños continúan siendo los más afectados: la pobreza infantil supera el 58%, más del doble que la de los hogares sin menores.
Estrés económico y malestar subjetivo: la otra cara del modelo
Además de la medición monetaria, el estudio incorpora indicadores de:
Estrés económico, definido como insuficiencia percibida de ingresos para necesidades básicas.
Estrés social, asociado a inseguridad alimentaria, acceso a salud y protección social.
Bienestar subjetivo, con una tendencia creciente de malestar psicológico desde 2017, agravada entre 2023 y 2024.
Según la UCA, la estabilización macro no alcanzó todavía a traducirse en un alivio emocional ni en un fortalecimiento del tejido social: las brechas de bienestar persisten e incluso se amplifican en los sectores más vulnerables.
El 71,8% del estrato muy bajo sigue siendo pobre
Los resultados de 2025 revelan desigualdades marcadas entre estratos socioeconómicos:
- Medio alto: hay un 3,5% de pobreza
- Medio bajo: hay un 28,4% de pobreza
- Bajo: hay un 57,1% de pobreza
- Muy bajo: hay un 71,8% de pobreza
Es decir, siete de cada diez personas del estrato más vulnerable continúan bajo la línea de pobreza, a pesar de la mejora global.
El informe muestra además que la pobreza crónica —es decir, quienes fueron pobres en 2024 y siguen siéndolo en 2025— afecta a 29,9% de los hogares, una cifra elevada que se concentra en los estratos “bajo” y “muy bajo”.
Infancia: la pobreza llega a 58,9% en los hogares con niños
La brecha entre hogares con y sin niños vuelve a mostrarse como una de las más persistentes y estructurales dentro de las mediciones de la UCA. En 2025, mientras la pobreza en los hogares sin menores a cargo alcanza el 35,2%, en aquellos donde hay niños trepa al 58,9%.
La indigencia también golpea con mayor fuerza a la infancia: llega al 14,9%, lo que implica que casi uno de cada seis niños vive en hogares que no logran cubrir siquiera la canasta alimentaria mínima.

Según el informe, la niñez constituye “el grupo más expuesto a las oscilaciones del ciclo económico” y, al mismo tiempo, uno de los principales mecanismos de reproducción de la desigualdad intergeneracional.
Esto significa que las crisis económicas no solo afectan más a los hogares con menores, sino que profundizan desventajas que luego se trasladan a la vida adulta, cerrando oportunidades y consolidando trayectorias de exclusión que se repiten década tras década.
El capítulo introductorio del informe sostiene que la Argentina atraviesa una transición compleja. Salvia describió así el momento político-económico actual: “Aparece la crisis de ese modelo agotado y la emergencia de un nuevo modelo libertario.Es un gobierno proinversión y proexportación, un cambio evidente de paradigma. Pero no está consolidado“.
Para el director del ODSA, el país se encuentra en una etapa donde lo viejo ya fue desarmado, pero lo nuevo todavía no existe: “Hasta acá es la expresión de un deseo. Se está desarmando lo viejo, pero no se está construyendo lo nuevo».
Este diagnóstico coincide con los datos de pobreza e indigencia: mejoran, pero no cambian la estructura social.
Mercado laboral: alta informalidad y caída del empleo pleno
El mercado laboral atraviesa uno de los procesos más delicados del período. Entre 2024 y 2025 se redujo la tasa de empleo, se profundizó la caída del trabajo de calidad en los sectores de menores ingresos y se consolidó una estructura altamente precarizada en la que el 51,6% de los trabajadores no realiza aportes a la seguridad social.
Durante la presentación del informe, Agustín Salvia fue tajante al describir este fenómeno: “En Argentina no crece el desempleo: no hay empleo. No hay inversión y no crece el empleo decente“.

Según el director del Observatorio, lo que efectivamente aumenta es el universo de trabajos irregulares y mal remunerados: “Lo que sube son las changas, los empleos marginales, los vendedores ambulantes, los limpiavidrios. Es el autoempleo de subsistencia».
Ese tipo de inserciones laborales, sumadas al desempleo abierto, representan hoy alrededor del 34% de la fuerza de trabajo urbana, una proporción que —advirtió Salvia— continúa en ascenso.
Qué advierte el ODSA sobre 2026
El informe concluye que la economía argentina se encuentra en una etapa donde conviven:
Mayor orden macroeconómico, baja de inflación y equilibrio fiscal.
Alta fragilidad social, con pobreza estructural, informalidad y déficits persistentes.
Riesgo de consolidación de un modelo de bajo empleo formal, si no se articulan políticas de capital humano, crédito pyme y desarrollo regional.
En síntesis: la estabilización no garantiza inclusión, y sin una estrategia que vincule crecimiento con movilidad social, la recuperación podría derivar en una sociedad más desigual y fragmentada.
Qué es la pobreza y qué es la indigencia
• Pobreza: Se define a los hogares como pobres si sus ingresos se encuentran por debajo del umbral del ingreso monetario necesario para adquirir una canasta de bienes y servicios (Canasta Básica Total o CBT).
• Indigencia: Se considera indigentes a los hogares cuyos ingresos no les permiten adquirir el valor de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que cubre un umbral mínimo de necesidades alimenticias.


