El músico tenía 77 años y falleció en su casa de Parque Leloir. Estaba enfermo de Parkinson y se había retirado de los escenarios en 2017, aunque se mantuvo activo hasta sus últimos días. Conmoción en el rock argentino.
La noticia del fallecimiento de Indio Solari este 5 de junio sacudió a la escena musical y cultural argentina. Figura central del rock nacional, el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dejó un legado que trasciende generaciones y estilos. Su partida marca el cierre de una etapa para miles de seguidores que encontraron en sus canciones una voz propia y un refugio de resistencia cultural.
El cantante, conocido por su bajo perfil y su esquiva relación con los medios tradicionales, murió en su domicilio de Parque Leloir, en la localidad de Ituzaingó. Según pudo saber Teleshow, se realizará la autopsia por protocolo y para que quede establecido el causal de muerte. Su última aparición pública fue en enero pasado, través de un mensaje cuando recibió el Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires.
El artista había construido alrededor de su figura un magnetismo singular. Su influencia se extendió mucho más allá de la música, convirtiéndose en un referente de la contracultura y en uno de los personajes más enigmáticos del arte argentino de las últimas décadas. Para muchos, su voz y el uso de metáforas en sus letras lo convirtieron en una figura central dentro de la música popular argentina.

El inicio de la misa ricotera
Gulp! fue el primer grito que la banda concretó en un disco. Doce canciones que marcaron el comienzo de una gran historia musical. No fue una tarea fácil. Los miembros de la banda, que recorrieron cada comercio con sus discos en la mano, trataron de convencer a los comerciantes que se trataba de un producto digno para colocar en sus bateas.
Las canciones de Gulp! se grabaron en 1984, en los estudios de MIA (Músicos Independientes Asociados) propiedad de la familia Vitale. Lito participó en los teclados y fue el técnico de grabación. Una producción independiente que contó con el dinero que la banda obtuvo de sus shows. También figuran en los créditos Gonzalo “Gonzo” Palacios en saxo y en los coros a Claudia Puyo, Laura Hutton y Maria Calzada.

Willy Crook grabó su saxo en aquellas primeras canciones: “El Indio siempre me decía que yo no sabía tocar. Para mí, el saxo era un instrumento que tocaban los esquimales o los astronautas. En dos semanas le pude sacar algunos sonidos”. También destacó que fue un momento muy especial. “Lo considero más un orgullo que suerte. Fuimos fantásticos. No me interesa todo lo que vino después. La verdad que estoy del lado del que gane. Patricio Rey me dejó una filosofía:’‘No hay un jefe pero hay que hacer bien las cosas’”, recordó.
Los Redondos nacieron en La Plata, en 1976, como un desprendimiento de La Cofradía de la Flor Solar. Tardó un tiempo en tener su nombre, pero sorprendieron con su propuesta: no tenía integrantes fijos, cerca de quince músicos se alternaban en los instrumentos.

El Indio Solari (voz), Skay Beilinson (guitarra), más Carmen Castro (más conocida como La Negra Poli) como manager, se hicieron cargo de la parte creativa y del liderazgo del proyecto. En aquellos primeros shows se podían disfrutar de otras experiencias que se alejaban de lo musical.
La idea del grupo era de presentar el flamante disco el 16 y 17 de agosto en el Teatro Astros. Pero hubo un problema: días antes del concierto, Valeria Lynch agregó fechas a sus shows y Los Redonditos quedaron afuera. Los fans tuvieron que esperar unos días -se realizó el 23 de agosto- en un local que con el tiempo formaría parte de la historia, Cemento.
El Indio Solari, Skay Beilinson, Semilla Bucciarelli, en batería, Tito Fargo, en segunda guitarra, Willy Crook en saxo y Piojo Ávalo en batería, brindaron un gran show en el recordado escenario ubicado sobre la calle Estados Unidos. En esa noche se pudieron escuchar canciones que ya son clásicos de nuestra música como “La Bestia Pop”, “Superlógico” y los inéditos en esos días como “Nene, nena”, “Rock del País” y “Un tal Brigitte Bardot”.

La separación de Los Redondos supuso un hiato en la carrera de Solari. No fue hasta 2004 que presentó el primer álbum de su nueva etapa, bajo el nombre de LFDAA: El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel). Siguieron Porco Rex en 2007, El perfume de la tempestad en 2010 y Pajaritos, bravos muchachitos en 2013. El último trabajo de estudio, El ruiseñor, el amor y la muerte, vio la luz en 2018. Durante esta etapa, Solari mantuvo una relación intensa con su público, que lo acompañó fielmente en cada presentación.

El último recital en vivo de Indio Solari tuvo lugar en Olavarría, en 2017. Fue un evento masivo, en el que nuevamente se puso de manifiesto la dimensión popular de su convocatoria. Desde entonces, se volcó al trabajo en estudio y a la publicación de libros, mientras su salud comenzó a ocupar un lugar central en su vida pública. En 2020, recurrió a las técnicas holográficas para ofrecer un concierto virtual, anticipando el final de su ciclo sobre los escenarios.
En marzo de 2016, Indio Solari confirmó públicamente que padecía la enfermedad de Parkinson, en un gesto que sorprendió y conmovió a sus seguidores. El anuncio se produjo durante un recital en Tandil, donde expresó ante la multitud: “el Parkinson me anda pisando los talones”. Desde ese momento, la enfermedad se volvió parte de su narrativa pública, y Solari no dudó en hablar abiertamente sobre su experiencia.

El avance del Parkinson no solo modificó su rutina, sino que también lo obligó a tomar distancia de los escenarios. En 2023, confirmó su retiro definitivo de las presentaciones en vivo debido a la progresión de la enfermedad. Aun así, encontró maneras de mantenerse activo en la música, participando en proyectos y conciertos virtuales gracias a la tecnología.


