El diputado nacional por el Movimiento Popular Neuquino (MPN), Osvaldo Llancafilo, consideró que “los partidos están en una grave crisis política desde hace mucho tiempo”. Y, tras atribuirlo a la “falta de credibilidad”, señaló que “sólo el 6% de la ciudadanía cree en los partidos políticos”, debido a que “la gente está enfocada en una lógica de perfil, de persona, de ver quiénes son los que pueden llevar adelante sus expectativas”.
Destacó, de este modo, la figura del gobernador Rolando Figueroa, en cuyo frente Neuquinidad coexisten expresiones variadas, desde el PRO a sectores del peronismo. Consultado sobre su mirada de cara a las legislativas de octubre, el legislados señaló: “Descarto que el MPN, como sello, vaya a participar de las elecciones”. Y, a la luz del resultado en las últimas elecciones (las legislativas que acompañaron a las presidenciales), “las expectativas son muy bajas para que el partido vaya a competir en forma orgánica”.
Señaló que intendentes de dicho partido ya han “manifestado su acompañamiento a los candidatos que pueda plantear el gobernador, también los diputados provinciales” y eso “tiene que ver con una mirada histórica provincialista”.
“Nosotros siempre hemos tenido una mirada que tiene que ver con Neuquén y creo que a esto se acerca el esquema de Neuquinidad, lejos de esa grieta nacional”, sostuvo Llancafilo, quien mantiene una sintonía fina con la gestión provincial.
La aparición de La Neuquinidad, liderada por Rolando Figueroa, confirma que el poder nunca tolera el vacío. Esta coalición —que aglutina exfuncionarios y militantes desencantados del MPN, sectores del PRO, del justicialismo disidente y diversas colectoras— ha comprendido que, en tiempos líquidos, la identidad importa menos que la capacidad de sintetizar demandas diversas. Lo logra, pero al costo de una fragilidad doctrinaria que puede limitar la construcción de un proyecto sostenido. Por ahora, más que una propuesta de provincia, es una plataforma electoral eficaz.
Y mientras tanto, el MPN —el partido que nació para darle a Neuquén una voz en la Argentina federal— se convierte en eco, en sombra.
La historia neuquina, tan rica como ignorada fuera de sus fronteras, no merece un Movimiento Popular Neuquino vacío de contenido. El partido fue muchas cosas: caudillo y gestión, clientelismo y planificación, resistencia y modernización. Fue también una trinchera contra la voracidad centralista. Hoy, con dirigentes todavía aturdidos por la derrota y balbuceando excusas ante una prensa que ya no les pregunta nada, el MPN parece haber renunciado no solo a las elecciones, sino a su legado.
Tal vez en la militancia de base quede algo vivo. Pero la dirigencia —beneficiada incluso en la derrota— difícilmente abra los canales del partido para escucharla.
Ya no es «el MPN», son algunos dirigentes, sin apellidos ilustres, los que recorren barrios y rutas reconstruyendo, con paciencia y sin cámaras, una relación de respeto que el partido olvidó hace tiempo.
¿Dónde están hoy sus pensadores, sus planificadores, sus técnicos? ¿Qué quedó del Neuquén que pensaba a 20 años? ¿Quién discute, en serio, la transición energética, el impacto de Vaca Muerta o la integración territorial?
No conmueve la caída electoral. Lo que inquieta es su desaparición intelectual.
Si los viera Don Felipe…
Es inevitable preguntarse qué pensaría hoy Don Felipe Sapag si viera el estado del partido que fundó. No con la mirada ingenua del que idealiza el pasado, sino con la lucidez del constructor que conocía cada piedra del edificio político que levantó.
Don Felipe no fue un político de escritorio: fue un hombre del pueblo, un carnicero hecho estadista, que comprendió que el desarrollo debía sostenerse sobre la justicia social. Defendió como pocos la autonomía provincial y apoyó, sin especulación, la huelga de los trabajadores del Chocón. Tenía una brújula: construir una Neuquén con voz propia y destino propio.
Ver hoy a su partido fragmentado, sin mística ni norte, sin causa que lo convoque ni pueblo que lo acompañe, le dolería. No celebraría las alianzas sin épica, la desconexión con las nuevas generaciones ni la entrega del relato político a los algoritmos.
Don Felipe exigía convicciones, planificación y federalismo. No entendería cómo el MPN dejó de ser protagonista para convertirse en observador. Preguntaría, sin estridencias pero con firmeza: ¿Qué hicieron con el partido que construimos desde el barro? ¿Dónde quedó el proyecto de provincia? ¿Dónde está la insolencia federal?
Quizás convocaría, una vez más, a recuperar la vocación de poder con ideas. Porque el legado no se hereda: se honra. Y se honra caminando con el pueblo, no gestionándolo desde un rincón del poder.
Fuente: MejorInformado


