Javier Pallero advirtió que la iniciativa para habilitar empresas gestionadas por inteligencia artificial sin responsables humanos puede dejar a los afectados sin protección legal
La iniciativa del gobierno para habilitar sociedades completamente automatizadas, sin ningún humano como responsable legal, desató una controversia que trascendió los límites locales y se instaló en la agenda internacional.
El proyecto, impulsado por la administración de Javier Milei y presentado como una apuesta para atraer inversiones en tecnología e inteligencia artificial, generó críticas por parte de referentes globales como el historiador Yuval Noah Harari, quien advirtió que la reforma permitiría a las IA operar como empresas tradicionales, pero sin exposición de individuos a consecuencias legales.
En ese contexto, Javier Pallero, analista de políticas digitales, brindó una mirada técnica y ética sobre el alcance de la reforma y sus implicancias para el sistema jurídico y económico argentino. En dialogo con Infobae a la Tarde, resaltó la necesidad de mantener controles humanos en cualquier sociedad que opere con inteligencia artificial.
La reforma oficial toma como referencia a las organizaciones autónomas descentralizadas, estructuras basadas en blockchain y contratos inteligentes (Imagen Ilustrativa Infobae)
El modelo de sociedades automatizadas y los límites internacionales
La reforma oficial se basa en el modelo de las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO), estructuras que funcionan en blockchain a través de contratos inteligentes autoejecutables.
Pallero explicó que estas organizaciones pueden tomar decisiones y operar en tiempo real sin intervención humana directa, pero subrayó que “no existe en el mundo una sociedad con figura societaria que funcione completamente sin humanos y con facultad de operar en el sistema financiero tradicional”.
El analista puntualizó que, si bien las DAOs abrieron nuevas posibilidades en el universo digital, su trasplante al derecho societario tradicional plantea desafíos inéditos.
Pallero remarcó la diferencia entre automatización y ausencia total de responsabilidad: “El mayor riesgo es que la responsabilidad quede limitada solo al patrimonio de la entidad y no alcance a una persona física que responda penalmente”.
El proyecto de Javier Milei para habilitar sociedades sin humanos abrió un debate legal sobre la inteligencia artificial en la Argentina (Imagen Ilustrativa Infobae)
La responsabilidad legal y el impacto en la confianza pública
Pallero hizo foco en el problema central del proyecto: la ausencia de responsables humanos ante eventuales delitos o fraudes. Explicó que “no es lo mismo tener responsabilidad limitada que poder ir preso por una posible estafa. Si con una sociedad de ese tipo se comete una estafa, respondería el patrimonio de la entidad, pero nadie responde con el propio cuerpo”.
Para el especialista, esa diferencia establece un abismo entre sistemas con consecuencias reales y esquemas que funcionan en un vacío legal.
El entrevistado advirtió que la automatización radical puede facilitar delitos difíciles de rastrear y dejar a los damnificados sin protección jurídica efectiva. “La gente no se siente cómoda si no hay una persona responsable atrás. Siempre hay alguien moviendo las palancas, alguien que le da instrucciones a estos sistemas y se beneficia. Eliminar la responsabilidad humana es quitarle controles a quienes realmente dirigen la inteligencia artificial”.
El problema de la caja negra y la regulación en debate
Otro punto crítico que destacó Pallero es la opacidad con la que funcionan los algoritmos de inteligencia artificial. Señaló que la dificultad para auditar las decisiones de estos sistemas, conocida como el “problema de la caja negra”, complica la trazabilidad legal: “¿Se imaginan cómo funcionaría una cosa que no podés auditar? Los algoritmos se actualizan y adaptan todo el tiempo. Sin controles humanos, el sistema pierde legitimidad y confianza”, advirtió.

En ese sentido, Pallero recordó que otros experimentos internacionales fracasaron justamente por la falta de transparencia y control. “Hay antecedentes de ciudades autónomas en Honduras, impulsadas por empresarios tecnológicos, que terminaron en conflictos legales y políticos”, ejemplificó.
El especialista fue crítico con la promesa oficial de desregulación: “Prometer no regular la inteligencia artificial es muy aventurado. La IA tiene impacto en la salud, las finanzas, los datos personales y la privacidad. No se puede prometer no regular”.
Para Pallero, cualquier avance tecnológico debe estar acompañado por un marco de responsabilidad y trazabilidad. “Hay un incentivo económico, político y ético para que alguien esté identificado como responsable. Sin controles humanos, el sistema pierde legitimidad y confianza”, concluyó.
Milei quiere entregar la Patagonia a las big tech con una ley de IA sin controles y empresas sin trabajadores

Javier Milei eligió las páginas del Financial Times para hacer una jugada que excede la política doméstica: hablarle directamente a los inversores tecnológicos globales y ofrecerles a Argentina como el territorio más desregulado del mundo para instalar sus empresas de inteligencia artificial. La iniciativa está alineada al desembarco de Palantir de Peter Thiel, el tecnofascista que vive en Buenos Aires desde hace semanas.
La columna de opinión está firmada por el propio presidente junto a Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Reforma del Estado, que días atrás envió al Congreso la reforma más profunda al derecho societario argentino desde 1972: habilita la existencia legal de empresas operadas exclusivamente por algoritmos, sin empleados ni gerentes humanos. Ahora ambas piezas encajan: la reforma societaria es la arquitectura legal; la columna en el FT es el aviso publicitario dirigido al mundo.
El texto se titula «Argentina invites AI to free itself» -«Argentina invita a la IA a liberarse»- y arranca con una analogía histórica: la fundación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602 como origen de la sociedad de responsabilidad limitada y motor del capitalismo industrial. «La máquina y la entidad legal fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna», escribe Milei. El salto argumental es directo: así como esa figura jurídica liberó el potencial del capital, la IA necesita hoy su propio vehículo legal. «Tanto como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones del músculo humano, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, llevando la productividad más allá de nuestros sueños más salvajes», dice el texto.



