La estadística que ofrece el BCRA no ofrece lugar a interpretaciones variopintas. Y se agrava el foco cuando el análisis se agudiza sobre los y las jóvenes

Como una postal de época, la mora en bancos alcanzó el nivel más alto de las últimas dos décadas y el deterioro es aún mayor en las billeteras virtuales. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) vincula el fenómeno con la pérdida del poder adquisitivo y advierte que los jóvenes aparecen entre los sectores más comprometidos.
El fuerte crecimiento del crédito durante el último año tiene ahora su contracara. La mora de familias y empresas volvió a aumentar en mayo y llevó el índice de irregularidad del sistema financiero al nivel más alto de las últimas dos décadas, en un escenario donde el endeudamiento se consolida como una de las principales consecuencias del deterioro de los ingresos.
El dato surge de un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que analizó la evolución de la cartera crediticia de bancos y proveedores no financieros de crédito a partir de información del Banco Central.
Según el estudio, el ratio de irregularidad del crédito alcanzó el 7,6% en mayo de 2026, luego de acumular 19 meses consecutivos de incrementos desde octubre de 2024. Se trata del mayor registro de los últimos veinte años para el sistema bancario.
Pero detrás de ese promedio aparece una diferencia contundente entre empresas y hogares. Mientras la mora corporativa se ubicó en el 3%, el incumplimiento de las familias escaló al 12,3%, casi cinco veces por encima del nivel registrado un año y medio atrás.
Familias bajo presión
El cuadro que describe el informe encontró una rápida traducción política y sindical. Horas después de que la CTA de los Trabajadores difundiera un documento donde advirtió que el Salario Mínimo Vital y Móvil perdió el 40% de su poder de compra durante la gestión Milei, su secretario general, Hugo Yasky, vinculó el incremento de la morosidad con la pérdida de ingresos de los hogares.
«Las familias no caen en la morosidad porque están aprendiendo a usar el crédito. Se endeudan para comprar comida, remedios y pagar los servicios básicos porque este gobierno desató una tormenta perfecta: aumentos de precios y tarifas, cepo a los ingresos con paritarias pisadas y, como si esto fuera poco, avanzó sobre la destrucción del salario real con tasas de interés liberadas. Hay una crisis de deuda familiar inédita», sostuvo.
Con foco político, Yasky añadió que el oficialismo, en lugar de buscar una solución mediante el tratamiento de los distintos proyectos presentados en la Cámara de Diputados, «se burla de la gente a través del vocero presidencial». «Lo único que les falta es poner a Adorni para asesorar a las familias en el manejo de sus ingresos», ironizó.
Los números del informe respaldan ese diagnóstico. El deterioro se concentra en los préstamos personales y las tarjetas de crédito, que en conjunto representan casi tres cuartas partes de la cartera irregular. La mora en préstamos personales pasó del 3,3% al 14,9% entre octubre de 2024 y abril de 2026, mientras que en tarjetas de crédito aumentó del 1,6% al 12,5% durante el mismo período.
El fenómeno adquiere otra dimensión con las billeteras virtuales y otros proveedores no financieros. Allí el incumplimiento se cuadruplicó en apenas un año y medio, al pasar del 7,3% al 29,6%, incluso por encima de los niveles registrados durante la pandemia.
En términos absolutos, el sistema financiero reúne actualmente 20,9 millones de personas con algún tipo de financiamiento. De ellas, 5,8 millones presentan deudas en situación irregular y más de la mitad corresponde exclusivamente a usuarios de billeteras virtuales, donde se concentran 3,4 millones de morosos.
Para los autores del estudio, ese desplazamiento refleja un cambio en las estrategias de financiamiento de los hogares. Mientras los bancos restringen la oferta de crédito ante el aumento del riesgo, una parte creciente de las familias recurre a plataformas digitales para refinanciar obligaciones o acceder a nuevos préstamos, generalmente con tasas de interés más elevadas.
«Che pibe, vení votá»
El estudio también identifica diferencias generacionales. Casi cuatro de cada diez jóvenes de entre 18 y 34 años registran algún grado de morosidad, una proporción que asciende al 40,9% entre quienes tienen hasta 24 años.
Para el CEPA, esa situación responde al mayor uso de canales digitales de financiamiento por parte de ese segmento y confirma que el problema atraviesa todas las franjas etarias, aunque pierde intensidad a medida que aumenta la edad de los deudores.
En el plano territorial, La Rioja, San Luis y Catamarca exhiben los mayores niveles de mora, mientras que La Pampa, la Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe muestran los indicadores más bajos. Aun así, el estudio advierte que apenas tres jurisdicciones registran menos del 25% de sus deudores en situación irregular.
«Estas empresas a las que les interesa el país»
La presión financiera ya no se limita a los hogares. Algunos sectores productivos también comienzan a exhibir señales de deterioro.
La construcción presenta el mayor nivel de irregularidad, seguida por alojamiento y gastronomía, actividades administrativas y comercio, sectores donde el informe detecta un crecimiento sostenido del incumplimiento desde fines de 2024.
Más allá de la fotografía estadística, el trabajo también discute las causas del fenómeno. Mientras el Gobierno atribuye el aumento de la mora al desconocimiento financiero de quienes tomaron créditos, a decisiones equivocadas de bancos y billeteras virtuales o a expectativas frustradas de devaluación, el CEPA sostiene que la explicación central se encuentra en la pérdida del poder adquisitivo.
Según el informe, el crecimiento del incumplimiento coincide con el estancamiento de los salarios reales y con una creciente dificultad de las familias para sostener el pago de préstamos personales, tarjetas de crédito y otras obligaciones. En ese contexto, advierte que restringir el acceso al financiamiento de quienes ya refinancian deudas podría profundizar aún más el deterioro del consumo y del crédito durante los próximos meses.
Ese escenario también comenzó a expresarse en la conflictividad sindical. Durante la reciente movilización junto a los jubilados frente al Congreso, el secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, apeló al clima posterior al Mundial para describir el momento político.
«Al Gobierno se le terminó el veranito mundialista y los trabajadores vamos a profundizar nuestro plan de acción. Las políticas oficiales provocan un genocidio en nuestros adultos mayores. En este momento, la mayoría de los jubilados no puede garantizar su subsistencia. Se están muriendo», afirmó ante BAE Negocios.
Y cerró con una demanda que resume el reclamo: «Exigimos una inmediata recomposición de los haberes jubilatorios y que se restablezcan todos los programas médicos y sociales».
Fuente: Bae Negocios

