Un relevamiento del Instituto Interdisciplinario de Economía Política advirtió que el empleo registrado volvió a retroceder durante marzo. Además, el salario mínimo acumula una pérdida real del 39,7% desde noviembre de 2023.
El mercado laboral formal mostró nuevas señales de deterioro durante marzo, de acuerdo con un informe elaborado por el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL) del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires.
Según el relevamiento, durante marzo se perdieron 11.000 puestos de trabajo asalariado formal, mientras que el empleo privado registrado cayó un 0,1% en comparación con febrero. De esta manera, el número de trabajadores registrados en el sector privado continúa por debajo de los niveles existentes al inicio de la actual gestión.
Los investigadores señalaron que desde noviembre de 2023 se destruyeron alrededor de 217.000 empleos asalariados privados registrados. Además, remarcaron que el nivel actual de empleo formal es similar al observado a mediados de 2022, reflejando las dificultades de la economía para generar nuevos puestos de trabajo.

El informe también destacó que la evolución no fue uniforme entre las empresas. Mientras las firmas más pequeñas continuaron reduciendo personal, las grandes compañías ampliaron sus plantillas y las medianas mantuvieron niveles de empleo relativamente estables.
A este escenario se suma el deterioro de los ingresos. Según el estudio, el salario mínimo, vital y móvil perdió un 39,7% de su poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y mayo de 2026. Aunque en algunos períodos los aumentos nominales lograron acompañar la inflación, no alcanzaron para recuperar el terreno perdido.
Actualmente, el salario mínimo se encuentra por debajo de los niveles previos a la crisis de 2001 y representa apenas un tercio del valor máximo registrado en septiembre de 2011, consolidando un panorama de mayor fragilidad para amplios sectores de trabajadores formales.
La inflación desaceleró. Los indicadores financieros muestran cierta estabilidad. Sin embargo, cuando la mirada se desplaza desde las pantallas del mercado hacia las fábricas, los comercios y los recibos de sueldo, aparece otra realidad. El empleo formal vuelve a retroceder y los salarios continúan lejos de recuperar el terreno perdido. La economía puede mostrar algunos números ordenados, pero el mercado laboral sigue enviando señales de alarma.
La contracción también alcanzó al sector privado registrado, que retrocedió 0,1% respecto de febrero. Puede parecer una variación menor, pero se suma a una tendencia más profunda que atraviesa toda la gestión económica actual.
Desde noviembre de 2023 desaparecieron 217.000 puestos de trabajo asalariados formales privados. La cifra prácticamente coincide con otro indicador que ayuda a explicar el fenómeno: en ese mismo período cerraron 26.448 empresas empleadoras en todo el país.
No se trata solamente de personas que pierden un empleo. Se trata de un entramado productivo que se achica.

Menos empresas, menos trabajo y salarios más débiles
La relación entre ambos fenómenos es directa. Cuando desaparecen empresas, desaparecen puestos de trabajo. Los datos del Sistema de Riesgos del Trabajo muestran que solo durante marzo dejaron de existir otras 2.011 firmas empleadoras, profundizando una tendencia que ya acumula 25 meses consecutivos de caída.
Los sectores más afectados son precisamente aquellos que históricamente explicaron gran parte del empleo privado argentino. La industria manufacturera perdió más de 2.100 empresas en un año. El comercio eliminó más de 5.100 firmas. También retrocedieron la construcción y el agro.
La situación industrial resulta especialmente preocupante. La metalurgia registró una caída interanual de producción del 5,1% en mayo y opera con una utilización de capacidad instalada inferior al 40%, uno de los niveles más bajos de los últimos años.
La consecuencia aparece inevitablemente en el mercado laboral.
Mientras las pequeñas empresas continúan reduciendo personal, las grandes compañías muestran un comportamiento relativamente más estable. El resultado es una recuperación desigual que deja a las pymes —principales generadoras de empleo— en una situación cada vez más compleja.
Pero el problema no termina en la cantidad de puestos de trabajo. También impacta sobre los ingresos. Según el trabajo de la UBA, el salario mínimo, vital y móvil perdió 39,7% de poder adquisitivo entre noviembre de 2023 y mayo de 2026. La caída es de una magnitud excepcional incluso para los estándares argentinos.
El deterioro comenzó con la aceleración inflacionaria posterior a la devaluación de diciembre de 2023 y nunca logró revertirse completamente. Aunque hubo algunos meses de recuperación parcial, el saldo acumulado continúa siendo profundamente negativo.
El dato adquiere una dimensión histórica todavía más fuerte. El salario mínimo actual se encuentra por debajo de los niveles observados antes de la crisis de 2001 y equivale apenas a un tercio del poder adquisitivo que alcanzó durante su máximo histórico en septiembre de 2011.
Es cierto que los salarios registrados privados mostraron una mejora real de 1,3% en abril después de la caída de marzo. Pero esa recuperación puntual todavía resulta insuficiente frente a las pérdidas acumuladas.
La paradoja de la economía argentina actual queda así expuesta con crudeza. La inflación desacelera, pero el empleo no despega. Los salarios dejan de caer al ritmo de antes, pero siguen lejos de recomponer su capacidad de compra. Algunas variables macroeconómicas mejoran mientras buena parte del tejido productivo continúa encogiéndose.


