Un sondeo de la Universidad de San Andrés le da 31% a La Libertad Avanza y 26% al peronismo. La sorpresa: un 21% de los encuestados aún no sabe a quién votar.
Una nueva encuesta nacional de cara a las elecciones legislativas posiciona a La Libertad Avanza cinco puntos por encima del peronismo, pero revela un dato que será determinante para el resultado final: uno de cada cinco argentinos todavía no sabe a quién va a votar. El sondeo, realizado por la consultora ESPOP de la prestigiosa Universidad de San Andrés (UdeSA), muestra un escenario polarizado pero con un altísimo nivel de incertidumbre.
Los números de la polarización
Según el relevamiento, realizado entre el 15 y el 24 de septiembre, la intención de voto para las elecciones legislativas a nivel nacional se distribuye de la siguiente manera:
La Libertad Avanza: 31%
Peronismo: 26%
Frente de Izquierda: 3%
Provincias Unidas: 3%
Otra lista provincial/local: 2%
El resto de los consultados se reparte entre el voto en blanco (5%), quienes directamente no irán a votar (6%) y otras opciones minoritarias.
La clave: un 21% de indecisos que tiene la llave
Más allá de la ventaja de cinco puntos del oficialismo, el dato más contundente de la encuesta es el 21% de encuestados que respondió «No sabe / No responde». Este enorme bolsón de indecisos se convierte en el bloque más importante después de las dos fuerzas mayoritarias y será el principal objetivo a seducir por parte de los candidatos en el próximo tramo de la campaña.
Según supo Noticias Argentinas, analistas políticos interpretan que este alto número de indecisos refleja tanto la volatilidad del electorado como una ventana de oportunidad para que las principales fuerzas capten votantes en las semanas previas a la elección.
La encuesta se realizó sobre 1.003 casos en todo el país y presenta un margen de error de ±3,15%.
Elecciones 2025: qué dicen las encuestas sobre Javier Milei y Axel Kicillof
Un estudio nacional difundido por RDT Consultores encendió la alarma: la imagen positiva de Javier Milei se derrumba y, en paralelo, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, aparece como la figura en ascenso dentro de la oposición. El dato no es menor: el gobernador bonaerense creció 8,6 puntos en las últimas semanas, mientras la desaprobación hacia el Presidente supera la aprobación en varios relevamientos.
Ese deterioro de la figura presidencial también se refleja en sondeos porteños. Una encuesta de Federico González y Asociados en la Ciudad de Buenos Aires muestra la performance de los candidatos oficialistas. En la pelea por el Senado, Patricia Bullrich, que encarna la boleta de La Libertad Avanza en CABA, se ubica primera con 34,2%, pero con un margen estrecho frente a Mariano Recalde (Frente Patria), que suma 24,8%, y con Graciela Ocaña (Ciudadanos Unidos) alcanzando un competitivo 10,9%.

Javier Miliei y Axel Kicillof, en la recta final de cara a las elecciones de octubre.
En Diputados, el escenario es todavía más fragmentado. Alejandro Fargosi, cabeza de lista por La Libertad Avanza, llega al 22,3% y lidera, aunque por una diferencia muy corta sobre Itai Hagman (20,1%, Frente Patria) y Martín Lousteau (17,3%, Ciudadanos Unidos). En otras palabras: la supuesta hegemonía libertaria en la capital no aparece tan consolidada y el reparto de bancas se perfila abierto.
Los números porteños confirman que, incluso en un distrito históricamente más favorable a los proyectos de centroderecha, la ola libertaria atraviesa turbulencias. La foto de Bullrich en el Senado y Fargosi en Diputados exhibe ventajas, pero no arrasa; obliga a la Casa Rosada a reforzar el territorio y a recalibrar la estrategia.

El Gobierno encara el tramo final con miras a las elecciones de octubre.
La Libertad Aavanza
El panorama, entonces, se ensombrece por partida doble: mientras el Presidente acumula desgaste en la percepción nacional y la oposición percibe espacio para crecer, la capital del país -en donde el oficialismo buscaba mostrar músculo- ofrece señales de que el voto porteño ya no es un cheque en blanco. A un mes de las elecciones, el Gobierno enfrenta la paradoja de seguir desplegando gestos internacionales y actos simbólicos, mientras su propio suelo electoral comienza a resquebrajarse.


