La desaparición de Sergio Ávalos en Neuquén ya cumplió 22 años. Por su caso hay 19 personas procesadas y recién ahora, se están revelando algunos datos sobre lo que pasó con él en la madrugada del 14 de junio de 2003.
Sergio Ávalos desapareció misteriosamente en Neuquén en el año 2003. El joven, estudiante de la Universidad Nacional del Comahue, había salido a un reconocido boliche de la ciudad capital y nunca más se lo volvió a ver. Por años su familia buscó respuestas, sin embargo recién ahora, 22 años después, empezaron a revelarse datos de lo que pasó aquella madrugada que desapareció.
Sergio Ávalos, una salida al boliche que terminó en desaparición
Sergio Daniel Ávalos, un joven estudiante de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Nacional del Comahue, desapareció misteriosamente en Neuquén el 14 de junio de 2003. Aquella madrugada, Sergio, que se alojaba en las residencias estudiantiles, había salido al reconocido local bailable «El Fuerte» (también conocido como Las Palmas), ubicado en Primeros Pobladores 2000.
Testimonios permitieron confirmar que Ávalos fue visto por última vez dentro del boliche entre las 6:30 y 7:00 de la mañana, tras lo cual se le perdió el rastro. Su desaparición fue denunciada el 17 de junio de 2003 por Martín Eduardo Herrera, encargado de la residencia estudiantil, en la comisaría Primera de Neuquén.
Desde entonces, la familia Ávalos ha vivido años de angustia y búsqueda incansable. Asunción Ávalos, padre de Sergio, y su hermana Mercedes han mantenido viva la lucha por respuestas y justicia, realizando marchas anuales para recordar el caso.
Recientemente, 22 años después de la desaparición de Sergio, nuevos datos sobre lo ocurrido aquella madrugada de 2003 han comenzado a revelarse. En este 2025, la familia Ávalos también se ha unido al reclamo por la aparición de Luciana Muñoz Aguerre, de 21 años, vista por última vez el 13 de julio de 2024 en el barrio Gran Neuquén.
Sergio Ávalos: 22 años después de su desaparición, qué dice la Justicia
A 22 años de la misteriosa desaparición de Sergio Ávalos en Neuquén, la causa judicial ha avanzado y empezó a revelar información de lo que pasó aquella noche. Actualmente, la investigación se enmarca en la figura de desaparición forzada y cuenta con 19 personas procesadas.
Entre los imputados se encuentran militares y policías de Neuquén, tanto retirados como en actividad, que trabajaban en el boliche «Las Palmas» la noche en que Sergio desapareció. También están acusados el dueño del local, Pedro Nardanone, y el encargado, Patricio Sesnich, quien era su yerno.
Según la resolución del juez federal Gustavo Villanueva, compartida en una nota de Diario RÍO NEGRO, se sostiene que Ávalos «fue retenido dentro del lugar y posteriormente trasladado para su ocultamiento a otro u otros lugares, permaneciendo así hasta el día de la fecha, en circunstancias hasta el momento desconocidas».
El magistrado considera probado que Sergio «fue privado de su libertad». La investigación ha logrado «circunscribir» que aquella no fue «una noche tranquila», sino que «existió cuanto menos una pelea que generó la presencia de sangre en la enfermería, que una persona fuera golpeada por la seguridad en el denominado ‘túnel’ y un altercado generado por el sistema de ticket-vaso». Si bien el caso aún no está cerrado, estos elementos son clave para la causa que busca esclarecer el destino de Sergio Ávalos.

No querían esclarecer el hecho
En el procesamiento, el juez remarcó que «lamentablemente, la investigación fue llevada adelante por quienes desde el comienzo ya aparecían como principales sospechosos y no se recogieron evidencias esenciales desde el primer instante de conocido el hecho».
Se refiere puntualmente a la policía provincial a la que la fiscalía de Neuquén le «encomendó la pesquisa» cuando era la fuerza «principalmente cuestionada» (por que había agentes que eran seguridad del boliche) que comenzó a investigar «a partir de una denuncia -realizada tres días después del hecho- produciendo medidas a casi dos días de realizada la misma».
Retomó declaraciones testimoniales que señalan que algunas de las entrevistas se hicieron en oficinas de Seguridad Personal, lo cual no era lo más recomendable dado el contexto.
Insistió en que «es revelador no solo la ineficacia de la investigación por la inservibilidad de ciertas medidas, sino también por las actitudes ultrajantes y violentas, los interrogatorios a los que sometieron a la familia y amigos del joven, cuando preguntaban acerca de su sexualidad -si era homosexual-, si consumía estupefacientes, si había tenido intentos de suicidio, si concurría al psicólogo, etc. En el mismo sentido, recuérdense los testimonios relativos a la situación que algunos testigos padecieron, la presencia de móviles policiales en proximidades de la residencia universitaria, los seguimientos a los que algunos fueron sometidos».
Para Villanueva «se evitó dirigir la investigación hacia la propia fuerza, recibiendo prontamente declaración testimonial a los involucrados y hacia el local comercial, respecto de quien, en lugar de disponer el secuestro de las cámaras y equipos de grabación, la actuación se limitó a solicitarle las videograbaciones».
Es por eso que la empresa, dijo, ofreció el material de las cámaras correspondiente a otra jornada y días después «entregó la cinta que solamente contenía los primeros momentos de aquella noche». Esto «impidió conocer con precisión la marca, modelo, condiciones de funcionamiento, conservación, características técnicas de las grabadoras utilizadas, así como su software y la funcionalidad del rebobinado automático de la cinta al finalizar la que se encontraba en uso».
Tampoco se pudo saber si el «horario registrado en las grabaciones coincidía con el real, si existía un delay o un adelantamiento, y de cuánto tiempo», lo cual hubiera servido para determinar con precisión la hora en la que entraron Sergio y sus amigos. «También generó un importante consumo de tiempo en lograr su edición, la que hasta el día de la fecha no ha podido realizarse con una calidad aceptable», agregó Villanueva.
Afirmó que en las conversaciones entre los oficiales instructores Osvaldo Almendra y Gustavo Delaloye, con Sesnich, que forman parte de la prueba se nota «un tono de confianza», «un trato afable, sin utilización de uno ni de otro de etiquetas o rangos propios de formalidades».
Indicó que en la casa de uno de los imputados Pedro José Sepúlveda Palacios, el sereno del predio, se encontró un papel con siete puntos: “yo colaboro c/n la seguridad” – “no lo vi ingresar a Sergio” – “no tengo relación con lo de Sergio” – “desconozco todo movimiento (ilegible)” – “la seguridad jefe Carracedo” – “no ce todo lo q pasa en el boliche” – “nunca participe en acto violento”.
Esto coincide con lo que expresó en la ampliación de la declaración del 5 septiembre de 2003. «Así, es fácil concluir que alguien tendría información de que lo citarían a declarar, aconsejando entonces la forma en que debía hacerlo», razonó el juez. En su descargo el acusado contestó que era un «ayuda memoria».

«También se desconoce el motivo por el que se dejaron fuera de la medida de intervención telefónica a los policías que se desempeñaban en el área de seguridad del lugar, o -cuanto menos aquellos que debieron concurrir aquella noche», subrayó.
Responsabilidad del Estado
El juez enfatizó en que «se actuó con la aquiescencia del Estado de forma tal de evitar esclarecer el hecho y encontrar al desparecido». Describió esta palabra como «consentimiento, anuencia, conformidad» y recordó que la procuradora había mencionado la «deficiente investigación».
Mercedes Ávalos, en una entrevista que brindó esta mañana en radio Universidad Calf, se mostró conforme con el procesamiento. Aseguró que le hubiese gustado que se juzgue la «inacción» de funcionarias, como la exfiscal, «que no buscaron un delito, siempre desviaron la investigación, porque hubiésemos tenido esta respuesta hace muchos años, realmente si la justicia de la provincia de Neuquén hubiera hecho una buena investigación y la línea por la que decíamos nosotros. Siempre dijimos, desde un principio, que a Sergio lo desaparecieron».


