Investigadores del CEAN y el Conicet, junto a la Fundación Tierras Patagónicas, analizan la calidad de los ecosistemas acuáticos en Neuquén. El río Chimehuín muestra cambios por la presencia de sauces exóticos y el aumento de algas, mientras se extiende un programa de monitoreo a otras cuencas para anticipar el impacto del crecimiento urbano.

Por Elena Egea – Diario RN
El río Chimehuin, en Junín de los Andes, fue cambiado su paisaje a lo largo de los años. El referente de la Fundación Tierras Patagónicas, Maximiliano Knull, recuerda aquellos tiempos cuando era niño y pescaba con mosca, antes de que el sauce exótico invadiera sus aguas y deformara sus costas. Además, tampoco tenía tantas algas: investigadores del Centro de Ecología Aplicada del Neuquén (CEAN) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) descubrieron un aumento de floración, producto de nutrientes como el fósforo y el nitrógeno. “Es como si en un campo agrícola se te pasara la mano con el fertilizante. Las plantas crecen a lo loco”, explicó el referente de la organización.
Con base a esos resultados extraídos de las pruebas del Chimehuin en 2021, la Fundación propuso extender los estudios a otros ríos. Así, lanzaron el Programa de Monitoreo, Análisis y Evaluación de Cambios en el Ecosistema de la Cuenca Aluminé – Collón Cura, ya que “lo que no se mide, no se puede cuidar”. Sostuvo que los espejos de agua de Neuquén aún conservan su “buena calidad”, pero advirtió que es fundamental reunir datos para contrastar año tras año.
Por eso, en febrero los investigadores del CEAN y el Conicet tomaron muestras en 21 puntos estratégicos a lo largo de cinco ríos: el Chimehuin, Malleo, Aluminé, Collón Cura y Caleufú. Escogieron ese mes, dado que es “un buen momento para medir la mayor concentración de nutrientes en el menor caudal existente”.
A partir de los primeros resultados se propusieron hacer un diagnóstico serio, fijar una línea de base y asegurar que el monitoreo se repita todos los años. Definieron una fecha para el primer muestreo, realizado en 2025, que ya derivó en un informe técnico, y este verano concretaron un segundo relevamiento del que aún se aguardan los resultados.
La intención es que, con 2025 como año de referencia, cada febrero se repitan las campañas de campo, con análisis de calidad de agua, estudio del lecho del río, recolección de invertebrados y otros organismos que permitan evaluar la salud de los ecosistemas.
Monitorean cinco ríos emblemáticos de Neuquén: Chimehuín, Malleo, Aluminé, Collón Cura y Caleufú
¿Por qué eligieron esos ríos? Por el aumento de las urbanizaciones y loteos en sus alrededores. “Lo que vemos es que cerca de las zonas urbanas, o río abajo de las zonas urbanas, se empiezan a ver señales de ciertos nutrientes, de ciertas cuestiones que están pasando”, señaló el referente.
De hecho, en el muestreo del río Chimehuin de 2021 se detectó un incremento de fósforo y nitrógeno justo después de la planta de tratamientos de líquidos cloacales de Junín de los Andes. “La buena noticia es que estamos a tiempo”, remarcó y celebró el anuncio de obras del Gobierno de Neuquén y el Municipio para de revertir la situación. El proyecto oficial incluye la construcción o refacción de unas 30 plantas de saneamiento en toda la provincia.
Para Knull, allí radica la importancia de un monitoreo: promover un plan de políticas públicas acorde al contexto. “A veces, en el afán de crecer, se crece desordenadamente. Tiene que haber una planificación, un acompañamiento desde la infraestructura local. No se trata de crecer por crecer”, recalcó.

Advirtió que localidades como San Martín de los Andes y Junín, donde gran parte de su economía reside en el valor de sus paisajes y ríos, corren el riesgo de “hipotecar el futuro” si permiten que avance el desarrollo urbano sin la infraestructura adecuada.
El referente adelantó que buscan ampliar el alcance del programa e incorporar otros ríos clave de la región. Le preocupa la calidad del Quilquihue, del que se abastece gran parte de la población sanmartinense, donde se extienden nuevos loteos. “Ahora no tienen cloaca. ¿Cuál es la red y la infraestructura que está ahí? ¿Va a ir a parar todo al Quilquihue?”, se preguntó.
Aunque les gustaría tomar muestras, remarcó que Fundación Tierras Patagónicas es una ONG y deben garantizar los fondos “para que ese monitoreo tenga permanencia en el tiempo”. Subrayó que no sirve medir uno o dos años y después interrumpir, porque se pierde la posibilidad de comparar y anticipar cambios.
Sin embargo, la apuesta por estos cinco ríos ya arrojó avances importantes. Observaron que en el Caleufú, por ejemplo, no hay invasión del sauce exótico y permanece el sauce criollo. Junto a los científicos del CEAN y el Conicet se preguntaron: “¿Qué deberíamos hacer para protegerlo? Porque hoy, en la zona, es el único ejemplo de cómo eran los ríos antes de que el sauce exótico los colonizara totalmente”.
Knull hizo hincapié en que es el momento de actuar para garantizar la buena calidad de los ríos de Neuquén. “Nuestros ríos son las venas de la Patagonia. La gente viene a disfrutarlos, a pescar, a bañarse. Cuidémoslos para que sigan estando bien y gocen de buena salud”, confió y confesó: “Me gusta cuando voy al río con mis hijos, tienen sed y toman agua del río. Quiero que eso perdure para muchas generaciones futuras”.

Río Chimehuin: qué mostró el monitoreo y por qué importa
El río Chimehuin, en Junín de los Andes, fue el punto de partida del programa de monitoreo que hoy se extiende a toda la cuenca Aluminé – Collón Curá. Entre 2021 y 2023, el CEAN y el Conicet realizaron muestreos sucesivos que confirmaron un proceso de eutrofización incipiente: aumentó la concentración de nutrientes en el agua, principalmente fósforo y nitrógeno, y se registró una proliferación de algas muy superior a la histórica.
Los análisis permitieron identificar un patrón. Según informó el referente de la Fundación Tierras Patagónicas, aguas abajo de la planta de tratamiento de líquidos cloacales de Junín de los Andes se observaron valores sensiblemente más altos que aguas arriba. El fenómeno se ve agravado por otros factores: caudales más bajos asociados a la sequía de los últimos años, aumento de la temperatura del agua y presencia de sauce exótico en las riberas, que consume más agua y altera la estructura del cauce.
Explicó que el exceso de nutrientes favorece la floración de algas que cubren el lecho, reducen el oxígeno disponible y modifican la composición de invertebrados y peces. Esto impacta en la calidad ecológica del río, afecta a la pesca deportiva (actividad emblemática en el Chimehuin) y deteriora un recurso clave para el turismo y la población local.
La respuesta institucional tuvo dos ejes. Por un lado, la provincia de Neuquén anunció un plan de construcción y refacción de unas treinta plantas de saneamiento, con una intervención profunda en la planta de Junín de los Andes para reducir la carga de nutrientes que llega al río. Por otro lado, la Fundación Tierras Patagónicas decidió financiar la continuidad y ampliación del monitoreo, para contar con datos comparables año a año y evaluar la efectividad de las obras y de las políticas de uso del suelo.
“Tenemos ríos de buena calidad, asegurémonos de cuidarlos, de mantenerlos y de que, cuando aparezca alguna mínima señal, podamos tomar las acciones necesarias para revertirla”, insistió Knull. Sostuvo que con un seguimiento sistemático de parámetros como fósforo, nitrógeno, caudal, temperatura, macroinvertebrados y presencia de algas se puede contar con una herramienta objetiva para ajustar normativas urbanas, controlar efluentes y definir prioridades de inversión.


