Afirmó que seguirá en el rol hasta que el Partido Laborista elija nuevo líder en las próximas semanas; Trump había anunciado su sali

Corresponsal en Francia – Por Luisa Corradini
Con la voz quebrada por la emoción, Keir Starmer se presentó esta mañana ante el famoso aldabón negro del número 10 de Downing Street para pronunciar las palabras que muchos, incluso dentro de su propio bando, llevaban meses esperando.
“Todas las decisiones que he tomado han tenido como objetivo anteponer al país que amo. Por eso, voy a dimitir de mi cargo como líder del Partido Laborista”, dijo.
Menos de dos años después de una victoria histórica que puso fin a 14 años de mandato conservador, el primer ministro británico abandona la escena en una atmósfera de naufragio silencioso. El Reino Unido se prepara para conocer a su séptimo primer ministro en diez años, una inestabilidad sin precedentes en la historia moderna de un país que, sin embargo, es reconocido por su estabilidad institucional.
La ironía de la historia es cruel: Starmer había ganado las elecciones legislativas de julio de 2024 con una mayoría parlamentaria aplastante, impulsada más por el rechazo a los conservadores que por un entusiasmo sincero hacia el Laborismo. Ese exabogado de 63 años, antiguo director de la fiscalía, encarnó desde el principio una promesa de seriedad y competencia tras los años de caos tories. Pero la realidad del poder resultó ser más ingrata de lo previsto.
La economía británica se mantuvo apática, el costo de la vida siguió asfixiando a los hogares y las promesas de transformación social difícilmente logran materializarse. A esas dificultades estructurales se sumaron traspiés personales, entre ellos el polémico nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington, una decisión que fracasó nueve meses después, cuando las revelaciones sobre los vínculos de este último con el criminal sexual Jeffrey Epstein obligaron a su destitución.
El punto de inflexión decisivo se produjo a principios de mayo de 2026, durante las elecciones locales. La debacle fue histórica: el Partido Laborista fue aplastado en favor del partido de ultraderecha Reform UK de Nigel Farage, lo que llevó a un centenar de diputados laboristas —aproximadamente una cuarta parte del grupo parlamentario— a exigir abiertamente la dimisión de su propio primer ministro. Figuras de peso del gobierno, entre ellas la responsable de la cartera Relaciones Exteriores, Yvette Cooper, le instaron a establecer un calendario para su salida. Incluso Donald Trump, desde su plataforma Truth Social, ya había dado por sentada la renuncia del premier británico, en uno de esos ataques transatlánticos que se han convertido en su sello distintivo.
Lo que transformó la presión difusa en una crisis terminal fue la elección parcial del 19 de junio en el distrito de Makerfield, al norte de Inglaterra, cuando Andy Burnham, el popular alcalde del Gran Manchester, fue elegido con el 54,8 % de los votos, aplastando al candidato de Reform UK, que obtuvo un 34,5 %. Ese resultado fue mucho más que una victoria local: fue la señal de que un Labour de tendencia izquierdista, liderado por un personaje carismático procedente de las regiones, podía derrotar a la extrema derecha allí donde Starmer había fracasado. El veredicto pareció inapelable.
Starmer intentó resistir unos días, repitiendo el viernes que “lucharía para mantenerse en el poder”. Sin embargo, las renuncias de sus apoyos se acumularon y este lunes por la mañana, tras informar al rey Carlos III de su decisión, decidió anunciar su renuncia. Permanecerá en el cargo hasta la designación de su sucesor, cuyo proceso se abrirá el 9 de julio y culminará probablemente durante el congreso del partido a finales de septiembre.
Quién es Andy Burnham
Apodado el “Rey del Norte”, Andy Burnham, nació en 1970 cerca de Liverpool. Hijo de un ingeniero de telecomunicaciones y de una recepcionista, Burnham no es un desconocido en la política nacional. Diputado entre 2001 y 2016, ocupó varios cargos ministeriales bajo el mandato de Gordon Brown, antes de presentarse sin éxito a la dirección del Partido Laborista en dos ocasiones, perdiendo ante Ed Miliband en 2010 y quedando segundo tras Jeremy Corbyn en 2015.
Fue cuando dejó Westminster para convertirse en alcalde del Gran Manchester en 2017 que forjó su verdadera identidad política. Lejos de las guerras fratricidas que dividen al laborismo entre corbynistas y blairistas, Burnham cultiva una postura de “outsider desde adentro”, promoviendo lo que él denomina el “Manchesterismo”: una doctrina que aboga por el fin del neoliberalismo y de la teoría del derrame, la recuperación colectiva de los servicios esenciales —transporte, vivienda, agua, energía— y la descentralización del poder en favor de las regiones. Su gestión en Manchester ha dado resultados tangibles: la remodelación de la red de transporte público con el “Bee Network”, una ambiciosa política de vivienda y el dinamismo económico de la metrópoli. Según el instituto YouGov, es hoy la figura política preferida de los británicos.
Su apodo —el Rey del Norte—, resume por sí solo al personaje: un miembro del Labour que reivindica sus raíces populares y obreras, en contraposición al centrismo londinense encarnado por Starmer. Católico practicante y padre de tres hijos, combina una imagen de cercanía auténtica con un agudo sentido del momento político.
“Se lo digo a mi propio partido: es la última oportunidad para el cambio”, lanzó tras su victoria en Makerfield.
Pero, en caso de triunfo, Burnham deberá asumir el mando de un país y de un partido en un estado de fragilidad avanzada. En el plano interno, el laborismo debe reconciliarse con un electorado popular que le ha dado la espalda masivamente en favor de Farage. La cuestión social sigue siendo un tema candente: inflación, crisis de la vivienda y servicios públicos bajo una presión extrema. La promesa del “manchesterismo” a escala nacional aún está por definirse de forma concreta, y sus propios críticos señalan que algunas de sus políticas en Manchester, en realidad, beneficiaron más a los inversores extranjeros que a las clases populares locales.
El Brexit
En el plano diplomático y diez años después del Brexit, la cuestión de las relaciones con la Unión Europea sigue siendo un tema abierto y divisivo. Burnham considera que el Brexit es uno de los cuatro factores principales que han roto el modelo de crecimiento británico, junto con la desindustrialización, las privatizaciones y la austeridad.

“Espero ver a este país unirse a la Unión Europea en vida”, declaró en septiembre pasado, durante una conferencia del Labour.
Sin embargo, su postura actual es que el Reino Unido no debería intentar reincorporarse a la UE. Este giro se explica en parte por la realidad electoral: el distrito de Makerfield por el que compitió votó a favor del Brexit en 2016, y su principal rival era Reform UK.
En cuanto a las relaciones con los Estados Unidos de Trump el candidato a premier mantiene una extrema prudencia. El apoyo a Ucrania, por su parte, que Starmer había mantenido como prioridad, deberá renovarse en un contexto de restricciones presupuestarias. Por fin, su postura sobre el conflicto israelí-palestino —habiendo apoyado un alto el fuego en Gaza desde las primeras semanas tras el 7 de octubre de 2023— podría complicar sus relaciones con ciertos aliados.
En el plano político, Burnham heredará una mayoría parlamentaria amplia pero moralmente agotada, con Nigel Farage exigiendo elecciones anticipadas desde el primer momento. Las elecciones generales no están previstas antes de 2029, pero de aquí a entonces, el nuevo primer ministro deberá demostrar que el Laborismo es capaz de gobernar de otra manera y de recuperar la confianza de un pueblo al que el cambio prometido en 2024 aún no ha convencido.
Por Luisa Corradini


