Funcionarios del Pentágono evalúan modificar su postura histórica de neutralidad sobre las islas si el gobierno británico no eleva su presupuesto de Defensa al 5% del PBI, en medio del alineamiento entre Washington y Buenos Aires.
El gobierno de Estados Unidos advirtió a Gran Bretaña que podría oponerse a sus reclamos de soberanía sobre las Islas Malvinas en caso de que el primer ministro Andy Burnham no incremente significativamente el gasto en defensa requerido por la OTAN.
Según reveló este viernes el periódico británico The Telegraph, la propuesta forma parte de una batería de medidas que elaboran altos funcionarios del Pentágono en su campaña para presionar a los miembros de la Alianza Atlántica a cumplir con el compromiso de contribuir con un 5% de su PBI a la estructura militar.
La estrategia diplomática de utilizar la disputa del Atlántico Sur como mecanismo de presión no es completamente nueva, pero cobró una dimensión inédita en los últimos meses.
A principios de abril, la agencia Reuters había filtrado un memorándum interno del Pentágono que sugería revisar la postura estadounidense sobre Malvinas como palanca frente a sus socios.
Aunque en su momento el secretario de Estado, Marco Rubio, intentó minimizar la filtración definiéndola como una discusión interna menor, la investigación publicada por The Telegraph confirma que el debate sobre el uso de las islas como elemento de coerción sigue plenamente activo en las más altas esferas del Departamento de Guerra.
En ese sentido, un alto funcionario estadounidense confirmó al matutino británico que el Reino Unido recibirá una «atención especial» en la auditoría general que Washington realiza sobre el compromiso financiero de sus aliados.
La revisión examinará en detalle si las potencias europeas están efectivamente encaminadas a cumplir con las metas de inversión. Al ser consultados sobre la posibilidad de cambiar la histórica postura norteamericana respecto del archipiélago, las fuentes fueron contundentes: «Puedo decir que las conversaciones son sinceras y no se descarta nada en cuanto a opciones para fomentar el tipo de reparto de cargas que buscamos», afirmaron.
La reestructuración de la OTAN 3.0 y las fricciones con la estrategia británica
El tajante mensaje emitido desde Washington choca de frente con la hoja de ruta económica de la administración de Burnham, cuyo primer presupuesto ni siquiera contempla el compromiso previo de destinar un 3% del PBI a defensa para 2030.
Para los estrategas norteamericanos, los planes de inversión anunciados previamente por el ex primer ministro Keir Starmer resultan insuficientes ante la magnitud de las crisis globales.
«Hemos visto el plan de inversión y es un paso en la dirección correcta. Pero un paso en la dirección correcta no es suficiente; necesitamos que aliados como el Reino Unido den un paso adelante de manera fundamental», enfatizaron voceros del Pentágono a la prensa británica.
Estas fricciones se enmarcan en la ambiciosa reformulación de la alianza atlántica impulsada por la administración de Donald Trump, denominada informalmente «OTAN 3.0».
El proyecto busca que las naciones europeas y Canadá asuman la responsabilidad principal y casi absoluta de la defensa convencional del continente europeo, liberando a la Casa Blanca de lo que consideran una carga financiera desproporcionada.
Los miembros de la alianza se han comprometido gradualmente a destinar un 3,5% de su PBI a presupuesto militar directo y otro 1,5% a infraestructuras de seguridad para 2035, un esfuerzo orientado a cubrir el vacío operativo que dejará el Pentágono al desplazar paulatinamente su foco estratégico hacia la región del Indo-Pacífico.
En el centro de esta reestructuración, Elbridge Colby, máximo responsable de política del Pentágono, mantuvo intensas reuniones a puerta cerrada con embajadores de la OTAN en Bruselas.
Colby advirtió sin rodeos que los países continentales deben acelerar el reemplazo de los sistemas de armas provistos por Washington y enfatizó que aquellos Estados miembros que se mantengan «rezagados» en las metas presupuestarias continuarán sintiendo una presión rigurosa.
La advertencia apunta a forzar un escenario donde Europa quede capacitada para liderar su propia defensa de manera duradera.
El factor Milei y las señales diplomáticas hacia la Argentina
La firmeza de Washington frente a Londres adquiere una resonancia especial al considerar la sólida sintonía política e ideológica entre el presidente Donald Trump y Javier Milei.
La propensión del mandatario republicano a transgredir posturas diplomáticas históricas y a reconfigurar alianzas según el grado de alineamiento geopolítico representa una señal de alerta directa para la Cancillería británica, que observa con inquietud la sintonía entre la Casa Blanca y la Casa Rosada.
Oficialmente, la diplomacia estadounidense busca mantener la cautela mientras se desarrolla la pulseada presupuestaria.
Ante la consulta sobre un eventual giro estratégico alrededor del Atlántico Sur, un portavoz del Departamento de Estado señaló que la postura de Washington «sigue siendo de neutralidad constante», recordando que Estados Unidos reconoce la administración de facto del Reino Unido sobre las islas sin tomar posición sobre la soberanía subyacente, en un contexto donde Argentina reitera anualmente su reclamo de diálogo directo ante el Comité de Descolonización de la ONU.
Sin embargo, las respuestas obtenidas desde el propio Pentágono evidencian un tono sustancialmente más duro que deja la puerta abierta a cambios geopolíticos. Consultada sobre el memorandum filtrado, la secretaria de Prensa del Departamento de Guerra, Kingsley Wilson, evitó desmentir la información y citó las duras críticas del propio Trump hacia el resto de los países miembros: «A pesar de todo lo que Estados Unidos ha hecho por nuestros aliados de la OTAN, ellos no estuvieron ahí para nosotros».
Wilson concluyó asegurando que la cartera militar se encargará de brindar al presidente «opciones creíbles para garantizar que nuestros aliados ya no sean un tigre de papel y que, en cambio, hagan su parte». Por su parte, el gobierno británico reiteró a través de sus voceros que el archipiélago constituye un territorio de ultramar soberano e innegociable.

